Sato vritteh - Siguiendo los pasos de los acaryas anteriores
El sacrificio Rajasuya
Debemos recordar la historia del sacrificio rajasuya descrita en el Mahabharata. El rey Yudisthira condujo este gran sacrificio mediante el cual hizo la ofrenda más extraordinaria de su vida y donde todos fueron adorados y quedaran complacidos. A él le fue dicho que al final de su ejecución iba a sonar una campana para comprobar que había sido bien realizado.
De este modo, después que los brahmanas terminaron de recitar los últimos mantras y que todo fue hecho dejando a todos complacidos, miraron la campana a la espera de que sonara, pero no lo hizo. Pensaron entonces que algún error habían cometido. Entonces un devoto se aproximó al Señor Krishna y le preguntó: “¿Qué podemos hacer ahora? Alguna falla hubo en el sacrificio, ¿qué habremos hecho mal? Complacimos a los semidioses, a los rishis, y glorificamos al Señor Supremo. Todo fue hecho de acuerdo con las reglas y regulaciones”. Krishna les dijo: “Sí, pero ustedes olvidaron algo muy importante, no complacieron al nirupati vaisnava, a ese devoto que no guarda posesión alguna, al que está dedicado a servir a su Guru sin ninguna posición”. Yudisthira Le preguntó qué hacer y Krishna le respondió que Él conocía a uno de estos vaisnavas, “él vive en las afueras de la ciudad, en una pequeña choza, así es que Arjuna, ve a buscarlo y que Draupadi cocine lo mejor para él”. Arjuna de inmediato salió en su carroza a buscarlo, y al llegar a su choza le ofreció reverencias y le dijo: “Por favor mi querido vaisnava, Yudisthira Maharaja necesita que usted vaya a su sacrificio rajasuya. “No, no, debes estar equivocado, ¿por qué Yudisthira Maharaja habría de necesitarme?” Arjuna le dijo que el rey especialmente lo había enviado donde él y que el Señor Krishna estaba también allí presente. Pero el vaisnava insistió diciendo que Arjuna estaba equivocado, que él lo sentía mucho, que él sólo era un alma nsignificante que no tenía nada que dar, que ellos no lo necesitaban. Pero Arjuna le insistió diciendo: “Con toda sinceridad le pido que por favor venga conmigo.” De este modo presionó tanto, que finalmente el vaisnava aceptó. Él se sentía muy avergonzado de estar yendo al palacio de Indraprastha donde todos los grandes sabios estaban reunidos. Le hicieron un artik, le ofrecieron un asiento confortable y le dijeron que lo habían hecho venir para complacerlo con lo que Draupadi le había cocinado. El vaisnava pensó que esa recepción ya había sido demasiado, y que ahora además lo invitaban a comer.
Draupadi cocinó un gran banquete y las diferentes preparaciones le fueron servidas. Todos lo animaron a que comiera cuanto quisiera, y al momento en que le sirvieron, mezcló las preparaciones y las empezó a comer. Después de esa gran ofrenda, Arjuna lo llevó de regreso a su choza, pero la campana siguió sin sonar. “Hemos servido a un nirupati-vaisnava, pero la campana aun no ha sonado. ¿Qué se ha hecho mal entonces?” De nuevo acudieron a Krishna y Le informaron que habían hecho todo lo que les había indicado, pero sin resultado. Krishna dijo: “¡Ah!, entonces alguien debe haber cometido alguna ofensa contra ese vaisnava” Pero todos dijeron que nadie lo había hecho. Finalmente Draupadi confesó que ella había sido. Inclinando avergonzada su cabeza les dijo que ella había cocinado tantas preparaciones de-seando que el vaisnava las disfrutara, pero al ver que él las había mezclado todas, pensó: “¿Cómo al mezclarlas de ese modo las va a saborear? Él debe ser un hombre sin cultura”. Krishna, al escuchar esta declaración de Darupadi dijo que esa había sido la ofensa, e instruyó que al día siguiente trajeran al nirupati vaisnava de nuevo. Arjuna fue y amablemente le pidió una vez más que por favor fuera donde el rey Yudisthira. Arjuna suplicó y suplicó hasta que al fin éste no pudo seguir negándose. Así, una vez más fue recibido y adorado de un modo maravilloso. Draupadi cocinó un banquete aun mayor y le sirvió, nuevamente él mezcló todo en su plato y comenzó a comer.
Al así hacerlo disfrutó del prasadam cocinado por Draupadi. Tan pronto terminó de comer, mostró una gran sonrisa, y en ese momento la campana empezó a sonar con fuerza. De esta forma el sacrificio rajasuya pudo culminar de un modo exitoso y todos entendieron lo importante que es no ofender a ningún vaisnava, por humilde, sencillo o pequeño que sea. Si ofendes a un vaisnava, la campana de tu devoción no va a sonar.
Nuestros maestros espirituales nos han enseñado con su propio ejemplo. Ellos mostraron su amor, cuidado y preocupación de un modo tan sincero, a todos y a cada uno de sus discípulos, a los discípulos de sus hermanos espirituales, a la gente en general, y a quien quiera que se les cruzara en el camino; y debido a que dieron su amor de una manera incondicional, el Señor Krishna los escogió para que se convertieran en Su representante, y para que así enseñaran los principios del amor divino.
