B.A. Paramadvaiti Swami


Sato vritteh - Siguiendo los pasos de los acaryas anteriores

Janmastami con los Ángeles del Infierno

Cuando celebramos el primer Janmastami en Hamburgo, los devotos habían conseguido una casa muy hermosa en un barrio residencial, pero en ese lugar había pandilleros que andaban en moto, que vestían trajes de cuero y golpeaban a la gente. Hoy en día no son como en esos tiempos. Ellos supieron que los devotos habían arrendado una casa en su mismo barrio y se enojaron mucho. Cuando vieron a uno lo persiguieron y trataron de golpearlo, y después nos amenazaron diciendo que nos iban a visitar en la noche para darnos una paliza. Esto fue justo la noche antes de Janmastami, y precisamente llegaron veinte tipos en sus motos, haciendo un ruido tremendo. Había como cuarenta devotos, con madres y niños. Los pandilleros se pararon en el antejardín y empezaron a gritar: “¡Salgan! ¡Cobardes! ¡Muestren quiénes son ustedes! ¡Les vamos a dar una buena pateadura!”

Más bien, nos insultaban a gritos, y estaban con botellas de alcohol, mientras que los devotos en la casa no sabían qué hacer. Ya estaban pateando la puerta con sus botas, realmente era una situación temible porque eran famosos por mandar a la gente al hospital, por los fuertes golpes que les daban. Los devotos trataron de poner una mesa detrás de la puerta para que no la pudieran abrir. En ese momento uno de ellos tiró una piedra por la ventana, la que cayó sobre una planta que luego supimos que era de albahaca y no de Tulasi, como habíamos pensado, pues en ese tiempo no sabíamos mucho de Tulasi y la estábamos adorando. Cuando vimos que la piedra había caído sobre la planta, pensamos: “¡Mataron a Tulasi!” Entonces un gran grito se escuchó en el templo: “¡Mataron a Tulasi! ¡Mataron a Tulasi!” De ahí siguió algo sin precedentes.

Los devotos abrieron la puerta del templo llevando cada uno algún objeto para su defensa. ¡Salieron como un grupo de apaches al ataque! A la par que gritaban: “¡Mataron a Tulasi! ¡Mataron a tulasi! ¡Ya no más!” Los devotos, en vez de estar asustados, salieron como una furiosa avalancha, pensando que habían matado a una devota pura. Vi que los pandilleros estaban tan atónitos que no sabían cómo reaccionar. El primero de ellos cayó al suelo y como treinta devotos pasaron por encima de él. El segundo corrió la misma suerte, cayó al piso y la avalancha de devotos le pasó por encima. Los demás, que estaban un poco más lejos, vieron cómo caían sus amigos y lo único que atinaron a hacer fue a saltar sobre sus motos para huir a toda prisa. Los dos que cayeron al piso se quedaron allí. Llamamos a la ambulancia y a la policía y se llevaron a esos dos tipos, o lo que quedaba de ellos.

Tambien llegó la prensa esa misma noche y estaban muy sorprendidos. Al día siguiente los titulares decían: “Los Hell Angels fueron aplastados por los Hare Krishnas”. Pero los devotos estaban muy temerosos, pues esa gente era muy organizada. Había como dos mil de ellos en la ciudad y podían vengarse por la vergüenza pasada. Estábamos seguros de que nos iban a atacar, así es que ese Janmastami fue una ansiedad completa. Al día siguiente de ese titular las personas se acercaban al harinam y nos felicitaban y nos preguntaban qué éramos, si éramos karatecas o qué practicábamos. Gracias a la protección de Prabhupada nunca volvieron al templo después de esa lección.

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