Atulananda Acarya

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Todo lo que el Señor hace es perfecto.

Un maharaj de la India
Tuvo tan sabio consejero
Que a toda pregunta respondía:
“Cuanto hace el Señor es bueno”

Si hubo lluvia en demasía
Si se erosionaba el suelo
Si castigaban sequías
“Cuanto hace el Señor es bueno”

Esta frase repetía
Y explicaba Su voluntad
Con tanta sabiduría
Que no daba espacio a dudar

En todo hallaba un motivo
De singular profundidad:
“Todo hace por Su amor divino,
Quiere enseñarnos más y más...

Del mundo quiere despegarte
Quiere que dependas de Él
Que aprendas el divino arte
De pertenecer a Su grey

Que seguridad ninguna encuentres
Que palpes dolor en Su lejanía
Que sientas deseo ardiente
Por gozar Su compañía

Quiere que dependas de Su gracia
Que todo momento te sea incierto
Mientras no sientas confianza
En lo que para ti ha dispuesto...”

¡Qué sabias eran sus palabras!
¡Llenas de optimismo y fe!
Pero el rey no las apreciaba
¡Mucho le costaba creer!

Mas la historia cuenta que un día
Este rey salió a cazar
Y en un dedo sufrió tal herida
Que lo debieron amputar

¡Dime si acaso esto es bueno!
Exclamó el rey lleno de ira
A lo que respondió el consejero
Como de costumbre lo hacía

El maharaj enfurecido
Ante su apacible insolencia
Ordenó fuese aprehendido
Y quitado de su presencia

Y otro día el rey fastuoso
Juntó hombres de a caballo
Y dejándolo en el calabozo
Fue a cazar con sus vasallos

Mas entró solo en la tupida selva
Alejándose de su cortejo
Allí unos salvajes con calaveras
Lo asaltaron y tomaron preso

¡Kali ma! ¡Kali ma!- gritaron en fiesta
Y excitados lo llevaron al altar de Kali
Dispuestos a ofrecerle su presa
Afilando entre carcajadas un sable

Lo desnudaron y bañaron
Lo masajearon con aceites
Su sino estaba sellado
¡Era más que elocuente!

Mas en medio del sórdido festejo
Un salvaje le miró la mano
Y gritó: ¡tiene un defecto,
No puede ser ofrendado!

Los salvajes se atemorizaron
De ofrecer a la diosa un ser imperfecto
Y con disgusto lo echaron
¡Que se fuera, que se fuera lejos!

Corrió el rey ¡para qué les cuento!
Se le hizo el regreso eterno
Sólo tenía un pensamiento:
El liberar a su consejero

Y una vez llegado a palacio
Ordenó su libertad inmediata
Lo llenó de agasajos
Y se excusó por su falta

“Mas una pregunta sí me inquieta
-le dijo a continuación el rey-
Siendo tú un alma tan correcta
¿Porqué sufriste este revés?

¿Si siempre fuiste mi buen consejero
Mi amigo sincero y fiel
Porqué te castigué tan severo
Encuentras en ello algún bien?

Sabio era el buen consejero
Y en el acto esbozó una sonrisa
“Cuanto hace el Supremo es bueno,
Mi buen rey esto realiza:

Si no me hubieses apresado
Me habrías llevado contigo
Y en la densa selva ambos
Nos habríamos metido

Imagínate tú y yo presos
En manos de esos endemoniados
Por tener mi cuerpo completo
¡Yo sí habría sido ofrendado!

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