Atulananda Acarya

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La Lujuria y El Amor

El propósito final de la vida es ananda, gozo, bienaventuranza, felicidad. Lo mas elevado en la existencia son las personas y la relación más elevada entre ellas es la del amor. La persona más elevada es Dios y la relación amorosa con EL es lo mas propicio para nuestra fortuna.

El servicio es la función constitucional eterna del jiva. La jiva puede servir para buscar su felicidad personal egoísta o puede servir buscando el bien absoluto de todos. Cuando busca su propia felicidad trata de relacionarse con otra persona, que constituye el objeto mas grato para sus sentidos, y trata de disfrutar con ella en una pseuda relación de amor. ¿Por qué a esto no lo podemos llamar verdadero amor? ¿Qué será el verdadero amor ?, De ninguna manera podemos llamarlo verdadero amor por que el concepto de amor trae consigo la idea de querer el mayor bien para la persona querida. Pero en este caso solo busca su mayor placer personal. Si este goce personal no es obtenido, la otra persona deja de ser querida, sea esposa, hijo, padre, madre, lo que sea. No se ama a la persona, si no al placer que se obtiene de esa persona. El principio del amor mundano está fundado en el gusto o disgusto personal de un individuo. Toda su relación amorosa estará destinada a obtener de ella el mayor placer personal. A veces esto no puede verse tan claro por que también hay momentos difíciles en la relación, que requieren paciencia y sacrificio. Esta etapa difícil, se supera por un lado gracias al apego desarrollado entre ambos, o porque, es mas fácil mejorar la relación que buscar una nueva. Pero cualquier análisis más profundo nos permitirá descubrir que la base de la relación es un placer personal basado en que me gusta y no me gusta. Necesariamente esto encierra la relación en los márgenes de un interés o una visión angosta y egoísta. Lo que de placer a los sentidos de un persona se volverá su objeto de amor y correrá tras su conquista, ya sea otra persona o una cosa. Hay quienes aprecian más su auto que a la esposa, hay quienes ven mas la T.V. que a sus hijos, etc. Pero cuando la persona o la cosa querida ya no complace como antes es dejada. ¿Y cuando la persona fue querida, qué obtuvo por ganancia verdadera?, Pasaron mutuamente complaciendo los sentidos del uno con el otro. Una vida de placer sensorial es vana, es animal, y no deja riqueza interna.

Esta es la sinopsis del falso amor que se hace entre personas y cosas por un gozo personal. Somos infinitesimales y miserables. Nuestro gozo personal individual conduce a la desgracia general de uno. Dios es infinito y grandioso. Su gozo personal trae buena fortuna a todos, como la raiz regada de un arbol beneficia a todo el arbol. La realidad nos muestra que no da verdaderos frutos de felicidad, sabiduría y de mas amor. Este amor que es lujuria es básicamente individual y egoísta. No puede crecer y abrazar a otros seres. Se basa en la desconfianza y la envidia. Esta lujuria no es amor, aunque así la llaman los mundanos que siempre lo vician todo. Esta lujuria es la explotación sensual de un ser con otro, por imposición o acuerdo mutuo.

Esta lujuria que no es el verdadero amor, se define como el deseo de disfrutar separadamente de Dios. El sentimiento de afecto que todos naturalmente tenemos hacia nuestros parientes, conciudadanos, amigos, etc. son distintos aspectos de apego mundano. Esa relación afectuosa no tiene raíces mas hondas que la percepción sensorial y mental, pero los sabios que han realizado el verdadero amor nos dicen que este no se descubre con los sentidos ni la mente. El apego al que llamamos amor no es mas que una forma de inclinación natural hacia el pecado. Se nos dice: "Ama a Dios por sobre todas las cosas...", pero, estos apegos "naturales" nos muestran que nuestro interés principal está en disfrutar de las relaciones separadas de Dios, pues a El tratamos de quitarlo de en medio. Los hombres se han unido y se relacionan entre si, se apegan unos a otros en la esperanza de disfrutarse y se alejan de Dios acercándose en distintos grados al pecado.

Estos apegos naturales que unen a los padres con sus hijos, a los esposos, a los compatriotas, etc, son el arreglo de Maya. Es la naturaleza misma o la psicología o mentalidad natural de este mundo fugaz e ilusorio. Sin esos apegos mezquinos y egoístas no podría subsistir el mundo material de la explotación y el desamor. Sin este apego natural y condenatorio nadie permanecería atado al dolor de su propia vida motivada por su goce personal. Esto es algo deslumbrante y espantoso. Todos los poetas y cantores cantan de su amor. Y en verdad solo hablan de lo contrario del amor. Los que glorifican ese amor son por lo general degradados moralmente. Los que conocen el amor por Dios son puros, virtuosos y sabios. El amor de ellos da alivio a través de los siglos, y nunca lo ha hecho un poema o canción que no toca lo divino.

Entonces tenemos que el falso amor es lujuria. En el no hay participación de lo divino. Es egoísta, ciego, y explotador y como no conduce a los frutos del verdadero amor, causa frustración, ignorancia y dolor, y persiste por el apego o el hábito por el pecado.

Ahora el verdadero amor consiste en dar. Dijimos que nuestra posición constitucional es la de sirviente. Podemos servir o servirnos. Uno es amor, lo otro es explotación y abuso. El servicio mas elevado es el amoroso, porque en el servir amoroso se une el deseo de servir con el deseo de entregar, lo que constituye la base del verdadero amor. ¡Hermano! si lo que tu quieres darle a una persona, no quieres dárselo a todas, entonces eso no es amor, esa es tu esperanza de disfrutar por darle algo a quien te conviene. Esa es una mentalidad comercial y no amorosa. ¡Madre! Si lo que haces por tu hijo no puedes hacerlo por todos los demás niños, entonces, eso que tienes por tu hijo no es amor, es solo el trabajo que haces por el apego natural, para mantener el egoísmo del mundo. Por eso los Vedas le enseñan a los brahmanas la ecuanimidad, ellos deben iluminar a todos con el verdadero amor; ganar verdadero amor es una gran lucha contra nuestro egoísmo. Por otro lado, nadie debe abusar del principio de ecuanimidad. Una madre no puede dejar el cuidado de su hijo a otra para complacer su negligencia. Los apegos naturales pueden volverse semillas del verdadero amor cuando dejando de ser un apego ciego, pasan a volverse un deber védico ocupacional. Así, a un jefe de familia se le incentivará siguiendo la misma línea de su apego, a que cuide a la esposa e hijos, animales y dependientes, mendigos sabios, etc. Que incremente y amplíe su margen de cuidado y protección, de la misma manera, que los que tienen apego por la administración y la guerra, por el comercio y la agricultura, por el arte y la artesanía, por el estudio y las letras, pueden volver estas semillas de apego mundano dirigidas al deber ocupacional divino y así crecer hasta la amplitud del compromiso con el bien Absoluto que conlleva al verdadero amor.

En la mente del que busca el amor verdadero desaparece el afán por el beneficio personal. El sabe o intuye que un amor mas grande puede traer felicidad a todos por igual. En el falso amor una persona le da muchas cosas a otra, (casas, auto, hijos, etc), para ganarla para sí. En el verdadero amor una persona libre de interés personal da iluminación y comprensión espiritual para que gane a Dios. En el verdadero amor prevalece en forma fundamental la preocupación por el bien absoluto. Donde todos son bendecidos, amigos y enemigos. Pero en este mundo de falso amor cada uno a asegurado su objeto de placer lujurioso y mira con recelo o deseo perverso a los demás.

El verdadero amor es lo mas puro, lo mas bello y mas grande. No nacemos con este amor despierto de por sí en el corazón. No nos engañemos más. El verdadero amor se gana con el trabajo de la caridad espiritual, donde uno se empeña sinceramente en que todas las almas hermanas reciban el dulce beneficio de la luz espiritual. Esto exige un progreso propio hacia el bien y un compromiso continuo con el mismo. La base del amor es dar y darse en actitud y sentido de sacrificio, sacrificando todo interés egoísta personal. Cuando en el nombre del amor damos para obtener después un placer personal, eso solo es la explotación de siempre.

Entonces el amor verdadero es dar y darse. Este dar significa servir, y servir significa complacer a Krishna. Si alguien o algo no complace a Krishna, entonces no sirve para nada, y si no sirve para nada no tiene razón de existir. Decimos que algo sirve si en algo nos beneficia. En el sentido absoluto algo sirve si beneficia o complace a Dios. Este es un concepto absoluto y el más elevado. Visto al revés podemos decir que, servir, significa dar y que dar es verdadero amor, y en base a esto podemos concluir que el servir, el dar, y el verdadero amor se conjugan y armonizan en forma completa para conferir una razón positiva y gozosa a toda vida. Luchemos por tener una gota tan solo de este verdadero amor. Los santos dicen que es tan satisfactorio que una gota podría ahogar al mundo.

Como es bueno por naturaleza, al crecer aumenta la buena fortuna de todos. No como el amor falso de intereses y apegos, donde crecen las intrigas personales y el odio entre los pueblos. Los santos son amados en todas las naciones, no solo en la que nacieron, y ellos bendicen a todos, por que aman con el amor que ama Dios, quien, no desprecia a ninguno.

Porque amarse y amar significa buscar el mayor bien para si mismo y los demás, y porque el mayor bien de todos es tener a Dios, no podemos hablar de amor sin tenerlo a El en el centro. En el verdadero amor, el Señor es lo que se trata de ganar y de dar, de tener y de servir. Todo lo bueno de este mundo viene de Dios. Todo lo bueno que quiera darle a un ser querido tendrá que venir de Dios también.

Amor sin conciencia de Dios es un engaño donde un pobre mortal trata de sustituir la grandeza del Señor prometiendo protección y felicidad. Amor es dar algo bueno, dar a Dios. Es sacrificarse por el propio bien y por el bien de los demás. Amor no es la búsqueda ansiosa de disfrutar con otro. La felicidad que nace del sacrificio divino donde luchamos por crear conciencia de Dios, es una felicidad sana, creciente, positiva y eterna. Es el umbral y la vida del verdadero amor. El amor que busca el propio placer se acaba en cualquier momento y se convierte incluso en odio. Está en el juego del apego y el odio del capricho sensorial. Así alguien será querido o dejado como si fuera un juguete o un helado. Ese no es un sustento para una relación eterna.

La búsqueda del goce sensorial personal no es base para relación eterna. Solo la disposición al sacrificio por el bien absoluto o el interés de Krishna lo puede ser.

No somos nosotros los dispensadores ni los dueños del amor. Si fuera así no lo andaríamos buscando. No sufriríamos la apatía de su ausencia. Decimos: "Dios es amor". Esta verdad eterna encontrada en todas las escritura o cultura desarrollada se olvida fácilmente. ¿Que hace el hombre común por tener y desarrollar el verdadero amor?. Tristemente no hace nada, y no solo eso, como hemos dicho, en el nombre del amor practica justamente lo contrario del amor. Su relación así llamada amorosa no lo conduce a la iluminación del ser, difícilmente al bien ético y moral. Porque la práctica del verdadero amor es lo mas elevado que existe, es lógico que nos lleve a la perfección. El estado de perfección no es el de una existencia solitaria y aislada donde el ego falso individual pasa a ser el supremo señor y amor, y donde la persona se encierra en su orgullo individual y en su consecuente egoismo.

El estado de perfección tampoco consiste en la supresión de la propia existencia por fundirla en la luz del Brahman. Si Brahman existe, existir es bueno. Si existir es bueno, dejar la existencia individual no pude ser un estado de perfección si no uno de frustración. Cuando la existencia individual de cada jiva se comunica con otras jivas y con Dios a través del amor, del amor constituido de servicio devocional, a ese estado se le llama la perfección del jiva individual. Si el jiva individual tuviera que dejar su individualidad para ser perfecta, entonces sería imperfecta desde el mismo inicio de su creación individual. Sería entonces imperfecta en la misma esencia de su creación individual y para volverse perfecta tendría que renunciar a su propia naturaleza esencial como ser individual. Esto es absurdo. Esto es querer decir que una cosa, para que sea perfecta, tiene que dejar de ser esa cosa, tiene que dejar de existir. No conocemos nada que en su misma esencia conlleve el estigma de la imperfección. Mas bien realizamos justo lo contrario. La naturaleza esencial de cada cosa es perfecta en el plan del omnipotente creador. Por lo tanto, la naturaleza esencial del jiva individual es perfecta, en su calidad de sirviente amoroso de Dios. Si este servicio amoroso es dejado de lado, la existencia misma para la cual el jiva fue creada, deja de tener verdadero valor. Aquí podemos tratar de realizar la importancia fundamental de conocer, practicar y realizar el verdadero amor. Es la verdadera ciencia de nuestra vida. El amor es lo primero y lo último. Es la razón de nuestro existir.

Este amor consiste en buscar el mayor bien para sí mismo y los demás. Porque también es necesario quererse a sí mismo, en el sentido que uno también quiere hacerse grato a Dios. El que se desprecia perjudicándose a sí mismo, no se hace feliz ni el mismo ni hace feliz a los demás. El que trata de progresar por el verdadero amor, luchando por no ser egoísta y por no causar mal a nadie, ni a si mismo, Él se ayuda a sí mismo y ayuda a los demás. Este es el bien absoluto y el amor absoluto. Sin Dios en el centro no podemos hablar de Él.

El hombre ordinario duerme en su vida superficial. No aprecia ni su existencia ni sus sentimientos. Dicen que se unen para amarse pero predomina el desconocimiento entre ellos, la incomunicación y la ausencia de progreso mutuo hacia el bien eterno, (lo que es el fruto del verdadero amor).

Si aceptamos que Dios es amor, la práctica del amor tiene que llevarnos donde El. No podría dar como resultado esta sociedad hedonista y atea. Vida sin Dios, sin conciencia trascendental, es la vida de los locos que desconocen las realidades fundamentales. Todo se vuelve un caos enorme. Un loco considera alimento su excremento, y una persona llama amor a la lujuria. Pero por el resultado práctico se puede ver el gran error. Solo los Vaisnavas, los que tienen amor por Dios, pueden sembrar este amor puro todo el mundo y crear una situación de perfecta dicha y armonía. La felicidad del verdadero amor no consiste solo en un sentimiento de gozo, sino que se apoya en una profunda comprensión de la verdad. Por ello este amor no puede ser obstruido por las contrariedades de este mundo, y atiende a las mas íntimas fibras de nuestro ser. El amor ha sido la ciencia eterna del Bhakti y sus múltiples maestros nos han dado clara guía para llevarnos donde el. Pero nunca piense que algo muy grande en el campo de las actividades, del pensar y del amar puede acontecer sin la conciencia o la presencia del Señor. La lujuria mundana no siempre va a mostrarse de una manera burda y decadente. También puede subsistir en las márgenes de la moral y la etiqueta social. También puede vestirse con las ropas de la bondad y la caridad material. Pero el síntoma de la lujuria es que es incapaz de dar satisfacción plena e iluminación trascendental. Los maestros del Bhakti nos dicen que: ¡El verdadero amor es lo único que puede conducirnos a la autorrealización!, como el hombre mundano conoce el campo de la lujuria, no concibe que algo como el amor pueda conducir a la sabiduría y la busca mas bien en el campo intelectual. Pero el intelecto está subordinado al amor. El acceso al saber está custodiado por la Persona de la Verdad Absoluta, que es Dios y quien solo revela Su verdad mas confidencial a sus devotos amorosos.

Por otro lado, en algunos existe el engaño mas grande al pretender que la relación sexual es la máxima expresión en la relación amorosa. Aunque pocas personas sinceras van a reconocer esto abiertamente, sabemos que el aspecto sexual predomina en la relación de las parejas en general. Incluso ya se a adoptado el mal término de "hacer el amor". Realmente "hacer el amor" significa cantar los santos nombres de Dios con el propósito de limpiar el corazón y bendecir a los demás. Hacer el amor significa diseminar el conocimiento trascendental para sacar a las almas del dolor material, atadas al nacimiento y muerte como están. Cuando amamos a una persona queremos aliviar su situación de dolor. Los vaisnavas son así los amantes supremos, por que ellos quieren llevarnos al mundo de Krishna.

Si la práctica lujuriosa del sexo es "hacer el amor," entonces las prostitutas serían muy avanzadas en el amor. Los prostíbulos serían templos del bien, etc. Sabemos que vamos a protestar ante esta idea y vamos a decir que importa mucho el sentimiento o la conciencia con que este acto es hecho. La verdad es que este acto surge del estímulo sexual y como no es bueno en sí, como lo hemos reconocido, debemos someterlo a una finalidad superior para volverlo bueno. Si la relación sexual fuera en sí un acto de amor, entonces podría y debería practicarse libremente entre todos, naciendo de ello una situación auspiciosa en todo aspecto, como es lo que se espera del acto del amor. Pero esto no se a dado así en la realidad. De hecho el acto sexual hay que delimitarlo al matrimonio, y dentro de este mismo debe perseguir un fin superior a la complacencia que depara en sí. Porque esta complacencia sexual rebaja la relación de la pareja a un puro interés corporal. Cuando se habla de restricción en el campo sexual de la pareja no es para controlarla con un sentido de envidia, sino por el contrario, es para que la misma pareja conozca un tipo de relación superior: La relación natural de las jivas en el amor puro por todos y por Dios.

Sin este sentido y comprensión superior, la pareja condenada a la mera atracción y complacencia sexual, no podrá hacer hondas raíces en su relación y pronto aparecerá la decepción y el engaño, tan común en las sociedades materialistas. Algunos reconocen esta atracción sexual como un estímulo de la juventud que después se transforma en una mayor comunicación y comprensión. Pero sin un conocimiento del ser, y sin un esfuerzo por realizarnos plenamente en la conciencia espiritual, esa comunicación queda en el plano de la complacencia mental o intelectual y no conduce al verdadero fruto del amor. Por eso el verdadero amor no se basa solo en el sentimiento sino que también en el conocimiento trascendental, donde hay una sincera preocupación por beneficiar al ser en sí, aliviándolo para siempre del dolor material.

En todo caso decimos que no podemos llamar al acto sexual un acto de amor. Es mas bien el acto más concentrado del placer egoísta en el cual cada sentido ciego busca su satisfacción. La característica mas clara del amor es que es bueno para todos, puede darse libremente, no causa vergüenza ni complicaciones, conduce a la pureza, a la paz, y es una bendición para todos en general. Solo los santos poseen este amor que reciben de su relación con Dios, y ninguno de estos atributos se lo podemos conceder a la lujuria sexual. Esta es una satisfacción explotadora y egoísta, llena de intriga y celos. No puede compartirse sanamente entre todos, como algunos han querido, por que su naturaleza no es la del bien absoluto, sino que, como dijimos, solo es bueno en el servicio de un fin especial superior. Los demás puntos que caracterizan al amor son también fáciles de analizar. Podemos agregar tan solo que este acto no conduce a la pureza, sino que aumenta la lujuria y la degradación, y por ello nos aleja de la paz mental. La pareja que verdaderamente busca el amor debe alejarse de este deseo que los vincula en el plano corporal. Cuando este esfuerzo sea logrado la relación debe situarse en el plano del conocimiento espiritual.

De esta manera, padres sabios, que conocen la meta de la vida, que no se confunden por los atractivos del cuerpo ni del placer sensual, podrán tener hijos y conducirlos por el sendero de la liberación del cautiverio material, hacia la morada del eterno y extático amor donde reina el Señor. Este es el verdadero propósito de la vida sexual: traer hijos al mundo que serán bendecidos con la dicha y el sacrificio del verdadero amor: el servicio devocional. Así lo a dicho Krishna en el Bhagavad Gita, y así los grandes sabios han situado al acto sexual en un nivel muy superior. Su meta no es crear un disfrute de estímulos nerviosos pasajero y frustrántes, sino traer una nueva vida a un hogar bendecido de sabiduría. Solo en este caso el acto sexual podrá dejar su posición de disfrute egoísta y podrá participar del deseo amoroso de llevar una nueva alma a Dios. Esto es sin duda mas responsable, elevado y difícil, pero no podemos esperar disfrutar de los frutos de la sabiduría y del amor siendo irresponsables y negligentes. Aquí encontramos cómo el mismo acto mas egoísta de placer mundano podemos transformarlo a la naturaleza del verdadero amor por querer dar a Krishna una nueva alma que nacerá como un dependiente.

De esta manera encontramos cómo la vida humana está impregnada de responsabilidad hacia los demás, y que el disfrute separado nos lleva a la insatisfacción. La vida humana está así destinada a buscar y servir al bien absoluto, llenando de importancia fundamental cada acto de su vida. La vida en el amor no puede ser de otro modo. No puede caer en la despreocupación y en la negligencia. No puede desvanecerse en el desánimo por servir al Absoluto Bien. Eso sería volver a una vida caprichosa y egoísta, la que vemos a diario en la vida de los hombres ordinarios y que no conduce a ningún supremo bien. El amor no puede parar, no puede tomar vacaciones, no puede dejar de amar. No puede dejar de entregar y de servir. Esto que al principio suena como un duro sacrificio, es la puerta única a la plena felicidad. Nuestra felicidad y perfección como explicamos, está en nuestra relación amorosa con los demás y con Dios. A través del acto sexual tenemos la posibilidad de crear una nueva relación amorosa, junto con el sacrificio de darle iluminación, y solo en este sentido el acto sexual puede participar del acto de un verdadero amor.

Así pues, ¡Oh amor!, soñado por el ignorante, buscado por los santos. Grandes máxima, ¡Oh amor!, hay quienes te cantan y te describen en las márgenes de la lujuria. Todos creen tener y sentirte, todos creen que te guardan en el corazón. No saben quien eres, cuanto te das, cuento te sacrificas, cuanto sabes y cuanto comprendes, cuanto escuchas y nos esperas, y mucho menos: ¡cuánta dicha das! ¡y cuánto comprometes a tus hijos!.

Ellos dicen que te tienen, ¡Oh amor!, ¡Oh gran amor!, ellos, los que no conocen el kirtan de los devotos, los que no saben del dolor de los devotos por sacarnos de este mundo. Ellos dicen que tienen el amor y viven buscando la sórdida bacanal de sus sentidos. Ellos no te conocen ¡Oh amor!, en tu preocupación infinita por salvarlos y llevarlos donde Ti.

El que no es responsable, ¿cómo puede amar?. El que no se esfuerza por progresar hacia la perfección, ¿cómo podrá ser responsable? Responsabilidad significa tomar con seriedad las cosas, con conocimiento de causa y efecto. El que entrega su vida al goce de los sentidos no puede tener esta responsabilidad porque no se preocupa por el futuro de su existencia.

El amor, el bien absoluto, no puede quedar en manos de los irresponsables. ¡Que gran peso el de esta existencia!, Queremos tener algún valor, algún sentido, y pedimos ser respetados. ¿Pero qué respeto se le puede dar a un irresponsable?. Queremos que nuestra existencia sea apreciada, sea querida, queremos en otras palabras entrar en el mundo del amor.

¡Oh! que gran compromiso nos espera. ¿Acaso queremos ser queridos sin dar? ¿Queremos vivir en el falso amor de los hombres ordinarios?, los santos nos enseñan a reconocer el verdadero amor, a servirlo y vivirlo. A sus pies tenemos una escuela científica que nos conduce a nuestra realización ulterior. Busquemos su santa asociación, y bajo la guía de sus instrucciones sabias, cualifiquémonos como ellos.

No hay otra alternativa en la vida humana.

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