Atulananda Acarya

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La Familia

¿Qué significa egoísmo? Egoísmo no significa preocuparse más del bien de uno mismo que del bien de los demás. O buscar nuestro propio bien sin interesarnos por el bien los demás.

¿Por qué cuál es nuestro verdadero bien, y cuál es el bien de los demás? De acuerdo con los sabios el verdadero bien es conocer la Verdad. Es conocerse a sí mismo, amar a Dios y salir de este mundo de ilusión y de engaño. El bien de los demás es que ellos también puedan saber esto.

En otras palabras si yo busco 'mi bien personal,' y si en realidad es algo bueno, si en realidad es un bien, lo será para todos los demás también. Así son las cosas en la creación del Señor. Es decir, si busco mi bien, ese bien también será una bendición para los demás. Como mi bien es ser una persona pura y santa, eso por supuesto es también bueno para los demás.

De lo dicho podemos entender que desear nuestro bien no es algo malo y por lo tanto no es egoísmo, porque nuestro bien es bueno para nosotros mismos y para los demás.

Lo que debemos tener muy claro es el concepto de bien. Debemos saber a ciencia cierta qué es lo bueno para nosotros y esto es Dios y la Verdad. Egoísmo es cuando lo que yo quiero para mí es algo que es malo para mí y por lo tanto también es malo para los demás.

En otras palabras una persona egoísta es aquella que quiere algo malo para sí misma y algo malo para los demás. Si yo sólo quiero pasarlo bien, estar tranquilo, ganar mi dinero, viajar, aprender, tener cultura, etc. Esas son cosas materiales que uno hace para su propio disfrute pero que no están en relación con el bien universal.

Un drogadicto puede pensar que conseguir su droga es hacerse un bien, y un tonto puede pensar que si le doy dinero para su droga yo soy muy bueno. Este es un ejemplo burdo, pero se puede cambiar la palabra droga por cualquier otra. La gente sólo quiere pasarlo bien sin preocuparse por Dios y por ello se vuelven egoístas. Si egoísmo es no preocuparse por el bien de los demás debemos entender que primero que nada debemos preocuparnos por el placer de Dios. Si Él está complacido todos lo estarán. Es como regar la raíz del árbol o como llevar la comida al estómago. Si atendemos un punto todo el resto estará satisfecho.

Hoy en día, como la gente no sabe nada de Dios, acostumbran a decir que uno sirve a Dios sirviendo al prójimo. Pero eso es una falacia. Uno no puede servir al prójimo si no conoce a Dios. Si no sabe servir a Dios el servicio que va a hacer para el prójimo va a ser funesto. Va a ser ignorante. Porque el prójimo me va a decir: dame carne, dame sexo, dame dinero, dame una tv., dame, dame , dame.

Servir o ayudar al prójimo es darle lo que es bueno para él, aunque él ni lo considere así.

Así debemos entender que la ayuda al prójimo empieza por conocer a Dios y uno debe servir al prójimo siguiendo la ley de Dios, tal como un médico ayuda a un paciente siguiendo la ley de la naturaleza.

En el asunto de la familia esto es muy importante porque en la verdadera familia Dios es nuestro padre. Las familias de este mundo son temporales. La vida nos une y nos separa tal como a pajillas que flotan en el océano. La familia no es algo estable.

Los Cristianos tratan de darle un aspecto de estabilidad y eternidad creando toda una fantasía de que en el cielo la familia se va a reunir de nuevo. Eso es sólo una fantasía más bien inventada para su pueblo porque el mismo Jesús jamás dijo algo así. ¿Cómo vamos a pensar en un cielo lleno de familias egoístas donde apenas se conocen y mucho menos se aprecian entre sí? Nuestra familia en este mundo es para que aprendamos a amar una familia mayor que es la universal. Hoy en día la gente se casa tantas veces, se separa, se odian, ¿con qué familia van a estar en el cielo? Eso no tiene sentido. La familia hoy en día es una estructura tan frágil, tan débil.

Lo importante es el amor por Dios. Si uno puede profundizar en la realidad va a ver que todo es amor, que todo está controlado por el amor. Todos aman. Los enemigos aman en el plano de la realidad. En este plano tomamos distintos papeles y estamos ilusionados, tenemos amigos y enemigos, pero en el mundo espiritual no existen los enemigos, no existen las familias como lo que pensamos aquí, allá todo es una gran familia de amor universal, donde estaremos con cuerpos espirituales, bienaventurados y eternos.

Lo que sentimos por nuestra familia debemos sentirlo por todos los demás. Eso enseñan los Vedas. Un hombre casado debe ver a todos los demás como sus hijos. El rey, el sabio, el rico, debe ver a los demás como hijos. Incluso a los animales. Eso es una cultura superior.

Supongamos que a alguien de la familia le ofrecen un trabajo donde va a ganar 100 mil dólares mensuales. Su trabajo va a ser recoger flores en las orillas de un lago en un ambiente siempre primaveral. Allí nunca se va a enfermar, ni va a envejecer. Incluso para este trabajo él puede llevar mil personas más para que la ayuden, todos en igualdad de condiciones. ¿Qué va a hacer esta persona? Si se va solo sin al menos ofrecer esta oportunidad a las otras mil, sí sería un egoísta terrible. Pero si antes de irse invita a sus amigos y conocidos, a sus parientes e incluso a desconocidos, eso sería muy noble. Si alguien le diría: no, quédate con nosotros, quédate aquí, donde se nace y se muere, no te pierdas la telenovela ni el mundial de fútbol, va a bailar Michael Jakson, etc. Ese sería un loco. Vemos que apenas surge una buena oportunidad de trabajo un miembro de la familia se separa porque en el fondo sentimos la necesidad de un bien superior. Este bien superior es Dios pero muchos no lo saben, pero eso es lo que se nos ofrece en nuestra condición de almas. Se nos ofrece el paraíso trascendental y allá debemos ir. Por hacer esto favorecemos a nuestra familia, a nosotros y al mundo en general. Incluso Krsna dice: Si te rindes a Mí te salvaré junto con toda tu familia, por cuarenta generaciones hacia arriba y hacia abajo.

Por otro lado el amor a Dios es una prueba de calidad del amor. Si alguien no ama a Dios su amor es de mala calidad. Es como si vemos que alguien golpea a su padre brutalmente y después nos dice: te amo. ¿Qué vamos a pensar de ello? Así la gente que no ama a Dios en general es cruel con otros seres a quienes engaña, roba, abusa e incluso mata (como animales), con tal de dar placer a sus familiares, pero vemos que estas familias cada vez duran menos y son cada vez más superficiales. Cuando un miembro muere ya ni lo recuerdan ni rezan por él, porque no hay religiosidad.

En cierto nivel nos enseñan amar mucho a la familia, pero eso es sólo en cierto desarrollo. Es como el recién nacido que sólo reconoce a su mamá, ni siquiera a su padre reconoce. Si viene un tío siente miedo y va donde la mamá a esconderse. Es así. Al principio somos como bebés y sólo queremos a nuestra familia, pero después debemos querer a todos.

Jesucristo dijo: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Esto suena muy fuerte, pero es natural. ¿Dónde están nuestros padres ahora? Como ellos son almas, también están creciendo, desarrollándose, ellos están buscando la dicha infinita de estar con Dios en esa misma familia universal. Jesús tampoco quiere decir con esto que uno no debe querer a su padre o madre o hijo, pero dice que uno debe querer a Dios por encima de estos conceptos de padre y madre, porque si queremos más a Dios veremos a los demás como almas y les daremos Dios a ellos también. Si queremos más a la familia carnal que a Dios entonces vamos a querer estar con esa familia más que con Dios, y eso es una ilusión, y si eso fuera posible en realidad no seríamos tan felices, porque no es que por estar en familia uno ya es feliz. Si fuera así no habrían divorcios ni los hijos se irían de las casas. Es como dijo ese poeta: 'tan pronto se va el placer como luego de acordado da dolor, como a nuestro parecer todo tiempo pasado fue mejor.'

La vida nos muestra que todo es algo pasajero. Puede sonar muy duro pero no lo es. La verdad es mucho más encantadora y dulce. La verdad es que pertenecemos a una familia infinita y eterna. Cuando crezcamos veremos que es así.

Hay que poner a Dios en el centro. Él está en el centro, Él no está en un rincón cuidando a mi familia, Él está en el centro, no lo olvide. Esta es la realidad. Trate de entenderlo y poco a poco todo será más positivo y claro. Nosotros somos todos medios locos. No entendemos bien las cosas. Nuestros amores son caprichosos, nos hemos olvidado de Dios. No hay amor sin Dios, porque Dios es amor. Pero Dios debe ocupar la posición principal, por la sencilla razón de que Él es Dios. Por otro lado veremos que cuando Dios está en el centro todo lo demás cobra importancia, incluso plantas y animales, pero cuando Él no está en el centro todo se vuelve materia y nada se respeta. La familia misma no puede perdurar sin el amor por Dios. El amor a Dios es lo que mantiene a la familia y todas las relaciones saludables. Si hay amor por Dios habrán buenos políticos, buenos comerciantes, buenos profesionales, buenos padres e hijos, buenos esposos, etc.

Nuestro amor por otro lado debe dejar espacio a la libertad. Cuando entendemos que todo debe estar orientado hacia Dios no habrá problema en esto. Si ud. y yo pensamos igual y ambos estamos dedicados a Dios estaremos unidos a pesar de la distancia. Esto es algo muy místico y muy interesante. Dos personas que piensan diferente pueden vivir en la misma casa pero no hay relación entre ellos. Pero si dos personas tienen el mismo ideal se van a sentir unidos a pesar de la distancia. Cuando se recuerden sólo van a sentir buen aprecio. Cuando se vuelvan a encontrar va a ser como si siempre hubiesen estado juntos, porque el ideal los mantiene unidos. Así lo más importante es compartir el mismo ideal y este ideal debe ser algo positivo, mientras más positivo mejor, ¿y qué más positivo que el ideal del amor por Dios?

Sin Dios no tenemos nada, con Él tenemos todo. Nuestras imperfecciones se irán yendo y todo estará mejor con el tiempo.

Debemos crecer en el amor espiritual, en la familia universal. En esa familia universal ya está incluida en forma natural nuestra pequeña familia y todo está bien, muy bien. No debemos temer nada.

Vaisnava dasanudas
Atulananda das

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